Mi primera Maratón de Bogotá: El dolor fue temporal, la satisfacción será eterna
El periodista y corredor Nixon Carranza relata desde adentro el desafío de conquistar los 42 kilómetros de la capital, superando el desgaste físico y las lesiones para hacer historia junto a miles de atletas.
Por: Nixon Carranza
BOGOTÁ. – El pasado primero de diciembre, mi nombre quedó grabado junto al de más de 4,000 personas que hicimos historia al correr la primera Maratón de Bogotá. Fue una experiencia increíble, fabulosa y, por encima de todo, el desafío físico más grande al que me he enfrentado en mi vida. Esta fue la primera maratón que se realizaba en nuestra ciudad, y también la primera que realizaba yo.
Todo comenzó días antes en el Gran Hotel al reclamar el kit de competencia. Allí la organización preparó un detalle espectacular: un mural gigante con los nombres de todos los que íbamos a participar. Aunque mi apellido quedó un poco cortado, fue emocionante ver mi nombre allí y descubrir que éramos tres "Nixons" listos para la batalla: Nixon Rojas, Nixon Vargas y, por supuesto, yo, Nixon Carranza.
Al día siguiente y ya con la camiseta puesta, muy a las 4:00 de la mañana, me reporté listo en la línea de salida para sumergirme en esta aventura de 42 kilómetros.
Kilómetro a kilómetro: El paso de la calma al sufrimiento
Los primeros 10K (Bajo control): Crucé la línea de salida controlando la emoción. Completé el primer tramo manteniendo un ritmo promedio sostenido de entre 6:50 y 7:00 minutos por kilómetro. Me sentía fuerte, era una distancia conocida y la gente en las calles apoyaba con fuerza. Aceleré un poco al pasar el marcador con la única consigna de no reventarme tan temprano.
Kilómetro 21 (La mitad del reto): Llegué a la media maratón registrando un tiempo de 2 horas y 32 minutos. Aunque en mis entrenamientos rara vez pasaba de esta distancia, las piernas respondían. La meta era ajustar un poco el ritmo en la segunda mitad sin matarme, pero el destino tenía otros planes.
Kilómetro 30 (El muro y la lesión): La verdadera maratón empezó aquí. Desde el kilómetro 16 venía arrastrando una ampolla en el pie izquierdo que para el kilómetro 30 se volvió un dolor insoportable. El dolor me obligó a bajar drásticamente el ritmo e incluso a caminar por tramos para recuperarme un poco antes de volver a trotar y poder culminar el recorrido.
Cruzar la meta: Triunfo contra el reloj
A pesar del desgaste y el dolor agudo en el pie, la mente fue más fuerte que el cuerpo. Logré cruzar la línea de meta antes del tiempo límite estipulado de 5 horas y 30 minutos. Terminar la prueba y escuchar las felicitaciones por el esfuerzo realizado fue una de las sensaciones más gratificantes que he vivido.
Mucha gente me ha preguntado después de la carrera si se sufrió o si dolió. La respuesta es un rotundo sí: se sufrió bastante, dolió bastante y exigió un esfuerzo supremamente difícil. Si me preguntan si la volvería a hacer, hoy honestamente no lo sé. Lo que sí sé con absoluta certeza es que fue una experiencia única que quedará guardada en mí para siempre.
Logré terminar mi primera maratón y me quedo con una gran lección: el dolor en el cuerpo es solo temporal, pero la satisfacción de haberlo logrado durará para siempre.
(Puedes ver la crónica en video de cómo viví esta carrera histórica en mi canal de YouTube).
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